Accoyar

Anteojeras

Compartir

Escrito por: Luis Alfredo Villalba Ruiz

18 noviembre 2012 – visitas 3674

El segundo siguiente, el minuto siguiente, la hora siguiente, el día siguiente, el mes siguiente, el año siguiente; cada uno es siempre una nueva oportunidad de levantarse de la hondura de sus quebradas: el Tambo, el Chili-Vítor-Quilca, el Colca-Majes-Camaná, el Cotahuasi-Ocoña, el Yauca, el Acarí; levantarse del lecho de inconformidades que lo tiene atado de pies y manos: La autoridad que le da la historia obliga, a Arequipa ciudad caudillo, sobrevenir en proponente y líder de un nuevo andar; capaz de comprarse la causa de conducir el país entero y ponerlo en el umbral de los doscientos años del primer acto formal de independencia republicana; con la mirada que conoce del brío de sus montañas, del cielo azul infinito y de la frente sin mancha.

¡No después, es ahora, el tiempo ya ha llegado. Antes que la insensatez mecanizada, que se moviliza por las calles del hombre, asfixie el pensar!

Estamos en tierra venerable, se brinda toda sin límites, como tal se hace merecedora de hábitos y comportamientos que desborden la práctica cotidiana y la reacción impulsiva; movida por procederes en unos casos bien intencionados y en otros nada santos, de los especialistas del mercado y de los versados del anti mercado; lo que importa es ponerse en vitrina y hasta en la sopa, no importa si para ello es de obligada procedencia bombardear los rincones más propios y privados de la sociedad y de sus integrantes.

Los bienes y servicios tan necesarios como las marchas y contramarchas de quienes se habituaron y han dejado desarrollar anteojeras. Exacerban los sentidos con imágenes grandilocuentes, con ruidos altisonantes, con videos intrusos y mucho más. Todos a manera de inmisericordes armas capaces de bombardear a los sentidos y el derecho a la calma suficiente y necesaria, para acoger entre manos el derecho a pensar en el propio futuro y el de la sociedad que nos cobija. Todos con el mismo derecho, aunque cueste aceptarlo.

La historia siempre espera que aspiremos a trascender en el tiempo, con algún aporte capaz de guiar a la generación que hemos traído al mundo, a la cual tenemos la responsabilidad de entregarle la posta de un futuro promisor y hábitos que hagan sostenible o sustentable su andar futuro. En nuestros días que difícil reconocer si caminamos por un sendero seguro hacia el futuro; cuando nuestras imágenes del mañana son manipuladas sin misericordia, por el empleo interesado del marketing, acudiendo a la exacerbación de nuestros sentimientos más encontrados.

Ni los candidatos al cargo más encumbrado del país; Presidente de la República, se libran, acabamos de salir de un callejón sin salida, donde las campañas políticas se convirtieron en comerciales, ávidos de vender un producto; en lugar de informar desinformaron, en lugar de instruir manipularon, en lugar de integrar desintegraron, en lugar de mostrar equidad no escatimaron en atropellar al contrario y en donde en lugar de sentar las bases de la inclusión han enraizado formas de participación excluyente en sus propias casas políticas. Bastaría preguntar, haber si alguno responde, si todos los puestos en las listas y su inclusión en las mismas obedecen estrictamente a principios y valores que quieren inculcar como base de su actuación política.

En nuestros días que difícil reconocer si caminamos por un sendero seguro hacia el futuro, al saber que quienes nos dirigen se sienten con el derecho de cobrarse con creces “el favor que nos hacen gobernándonos”, al saber que muchos servidores se sienten con el derecho de tomarse su tiempo para luego “hacernos el favor de brindarnos atención”, al saber que los infalibles del libre mercado se sienten con el derecho de meternos las manos al bolsillo sin pedir consentimiento “al brindarnos el favor de desarrollar bienes y servicios de utilidad para el quehacer”, al saber que los pensantes representativos se sienten con el derecho de manipular en beneficio propio “las conquistas al sistema”. Son en conjunto círculos nada virtuosos a los que es menester poner un alto para cambiar la ruta y modificar el rumbo y mejor antes que después, después podría ser tarde, hoy puede aún ser tiempo.

Sinvergüenzas siempre va a ver, pero si son los menos, ¿cómo es que se las ingenian para estar donde están? Sinvergüenzas buscan sinvergüenzas, déjense de vainas y quien los tiene a su cargo lo es tanto como él, ¿hasta cuando la desvergüenza nos convencerá que es más? “roba pero trabaja”, “se ha enriquecido y quien no”, “ese señor Alcalde, es un caballero, cuando le cobro una comisión, me da mi parte”, “ese otro Alcalde, es un avaro, cuando le cobro una comisión, no me da ni las gracias”, “tu no pierdes nada, solo gira por el doble, yo me encargo del resto”, “el diezmo lo pagan todos y todas sin excepción, el que no, se va”, y punto.

Hagámonos de una vez a la idea no son otra cosa que andantes con burka (velo de la tradición mahometana) que desarrolla la visión con anteojeras al no dejar que se desarrolle la visión de los ángulos laterales. ¡Su mundo no es el nuestro!

Quién nos invite a ser equitativos siéndolo, quien nos invite a ser integradores siéndolo, quién nos invite a ser inclusivos siéndolo es nuestro referente de futuro; ¿a caso no buscamos un desarrollo equitativo, integrador e inclusivo, sostenible como la garantía de legar a las futuras generaciones un mejor lugar?

No es la imposición. No es la aseveración “los pobres toman las carreteras y los ricos toman la bolsa” un buen cuño, no es la abstención, no es un discurso que difiere de la práctica, no es la doble cara, no es etc., etc.

Aseveraciones llanas y agudas que desnudan la verdad de nuestra formación quizás? desesperación de generar un ingreso con un trabajo que formalmente no es bien remunerado y es en verdad lo mejor que sabe hacer, dirigir, conducir, etc. ? O quizás la exteriorización de los valores que conviven con nosotros y no nos atrevemos a enfrentar conscientemente, porque es la manera más fácil de vivir, sin problemas ahora, pero en el futuro con una carga de conciencia que no quisiéramos sea reflejada en nuestros hijos.

Es que nos acomoda lo fácil, lo sencillo, lo que no nos compromete, ¿para qué? Si dentro mis cuatro paredes ¿Soy feliz y estoy tranquilo?

No mil veces no, no nos engañemos, sino veamos, ¿por qué para desinhibirnos a veces es necesario uno o muchos aperitivos?, ¿por qué sentados frente a un volante exteriorizamos nuestra rabia pegando la mano a la bocina o la pata al acelerador?, ¿por qué dejamos que nos meta la mano al bolsillo un titular escandaloso?, ¿por qué la TV se entromete en la mesa familiar?, ¿por qué al ostentar un cargo público se nos respinga la nariz?, ¿por qué los cargos dirigenciales, otrora un honor, hoy han devenido en una manera de ganarse la vida?, ¿por qué agredimos al primero que se nos cruza en el camino?

¿Los espacios que tenemos nos permiten departir? Es decir, intercambiar opiniones respecto de la imagen futura que tenemos de uno mismo, nosotros, ellos, nuestros hijos, nuestros nietos, etc. O será que tan solo podemos compartir algunas migajas por flojera, dejadez o porque simplemente no sabemos hacerlo en vista que nadie nos ha enseñado?

Hoy somos el fruto que se cosecha luego de la siembra y cuidados prodigados para un buen desarrollo de la planta, ¿Cómo somos? Revisemos el terreno en que cayó la semilla y los cuidados que recibió la plantita mientras crecía; en que terreno cayó, que cuidados le fueron prodigados, cuanto le afectó los cambios climáticos ¿Cómo la queremos? Fuerte, productiva, de buen color, de sabor excelente ¿……….?

Es hoy el tiempo y no mañana de ponerle color a tamaña gama de grises, el color está en nosotros, no fuera. En todos y cada uno de sus hijos, es tiempo de atreverse a pintar.

Loading