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Desastre sobre Desastres.

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19 Marzo 2017 – Visitas 2403

Escrito por Luis Alfredo Villalba Ruiz

Hace seis años produjimos el Sistema Nacional de Gestión de Riesgos de Desastres y da la impresión son necesarias, solamente algunas, horas las para desbaratarlo, sin darle la oportunidad de al menos la adolescencia de aprendizaje de su razón de ser.

En tan corto lapso de tiempo se puso en evidencia que fue entregado en manos ajenas, que no lo querían ni implementado ni operando. A cargo quedó la corriente de pensamiento sistémico tradicional preparado en desarrollar habilidades, capacidades y competencias para una reacción eficiente, eficaz y efectiva ante acontecimientos o eventos que lo requirieran.
El sistema concebido, por el contrario, requería de una estructura de pensamiento deductivo, inductivo y crítico con habilidades, capacidades y competencias aptas para construirlo en la medida que fuera implementado y se lo viera operando. Una nueva estructura de pensamiento que no está en los sistemas existentes, sin embargo en lugar de crearla se empezó a desvestir un santo para vestir otro, con lo cual además se despertaron celos patológicos. No es tiempo de teorías le gritaron interesadamente y con ello las buenas voluntades se han esfumado y la débil personalidad se doblegó ahondando con ello la debilidad de iniciación.
Las decisiones tomadas no imaginaron seguramente la debilidad enorme de concebir un sistema sin las personas, organizaciones y liderazgos pertinentes. Es impensable que personalidades y pensamientos preparados para la atención de eventos; pueda cambiar súbitamente a hábitos y costumbre de pensamiento orientados a prevención de eventos, más aún si la atención es su razón de ser.
Una vez más los fantasmas de antaño e imágenes virtuales de hoy, así como, la sed de revancha del antecesor en la conducción del país, son capaces de hacer respetar el ritual de ponerle anteojeras y asesores con intereses personales, al nuevo inquilino de la casa de gobierno. Es en consecuencia suficiente disculpa para decidir que el Sistema Nacional de Gestión de Riesgos de Desastres, no va más, así las estructuras de pensamiento y personalidades preparadas para la atención de eventos y que no terminaron de entender el significado de la prevención de eventos, que permanecieron agazapadas, se irrogan una razón que no es razón. Que importa si de año en año seguiremos siendo testigos de los desastres con que este año nos acostamos y levantamos cada día; la bendita frase de “Son eventos que no estaban previstos” o “Son diferentes….” Dicen en consecuencia que cada año son diferentes ¡Y tanto! que ninguna acción preventiva es posible, un poco de historia prehispánica sería suficiente respuesta…………., sucede que cada quién, una vez terminado cualquier tipo de evento, extraordinario u ordinario, preferimos mantenernos en el espacio de confort que nos obliga al mínimo esfuerzo y nos da seguridad ociosa. El día que día que INDECI pida y exija la implementación y operación del Sistema de GRD, de la cual es parte pero no es la GRD, cambiará el país.
Los intereses personales son inversamente proporcionales a la moral que se espera de todo servidor público, de las Autoridad elegidas para conducirnos y del privado que oficiosamente aprovecha la oportunidad.
Los intereses tecnocráticos son inversamente proporcionales a la ética que se comprometen debe regir el accionar profesional y técnico.
Esperemos que este nuevo fracaso de la gestión pública y la respuesta técnica y profesional, no se quede con el período de lluvias que está en su fase final, que de una vez por todas se entienda que planificar y ordenarnos no es repartir presupuestos no es tomar decisiones entre cuatro paredes y planes; es más bien empoderar a la población para que potencialice una toma de decisiones donde el presupuesto es un recurso más, no aquel que sirve para manipular las decisiones y organizarlo en la penumbra a expensas de los personajes oscuros que se valen de la técnica y la gestión para ejercer poder a cambio de beneficios oscuros.
Señores nos están paseando en nuestras narices.
¿Hasta cuándo?

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