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Vigilancia Desvalida

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18 Julio 2014 – Visitas 2471

Escrito por Luis Alfredo Villalba Ruiz

La construcción de los intercambios viales, en la ciudad, marca la diferencia, entre el ayer sin intercambios y el mañana con intercambios, entre la vida antes y la vida después, en las inmediaciones y en la ciudad.

Lugares emplazados inmediatamente después del Centro Histórico, enseñoreado Patrimonio Cultural de la Humanidad, extensiones de la ciudad, con dirección al sur, especializados en consentir el encuentro de caminos, los que vienen y van de este a oeste, con los que van y vienen de norte a sur, convocados a admitir el crecimiento de la urbe y su paso a metrópoli, son lugares reconvertidos en articulaciones de más de un nivel de caminos, al ras del tierra, en el territorio antaño de las alcantarillas, más cerca de las nubes, con ellas nuevas opciones para desatar el enredo vehicular, no siempre consentir al peatón, la intranquilidad del desarrollo avanza sin frenos, es una opción de desconcentración, sin estar con el overol puesto.
La gestión de la ciudad, en la línea de partida, ropa deportiva elegante, testimonio en mano, calzado sin clavos, ímpetus desbordados de adrenalina, en la largada, por el carril interno Descentralización, al externo Transparencia, en el segundo Participación, en el tercero se cuela Corrupción, el único informado del zapato de clavos, se movió como pez en el agua, de largo arribó primero; último, aplaudido a rabiar por doña Estabilidad, llegó Descentralización ¡Bravo! la voluntad y empeño es lo importante ¡Bravo! se empeña en demostrar algarabía, empatados entraron Transparencia y Participación, distantes del primero.
La Autoridad nacional, asistida del empeño en pensar diferente al quehacer, da forma a la legislación y normativa, sin la certeza de su aplicabilidad, Pilatos del nuevo tiempo, no escatima en adjetivar su quehacer y andar por la vereda de enfrente de las autoridades sub nacionales. La autoridad de la ciudad, dotada de medidos y calculados privilegios de ley, esforzada en mantener vigente la forma en que se toman decisiones, testigo de la presión, ejercida por el poder vigente sobre la sociedad y ciudadanía, y de la contestación de retorno, clamando cada una un espacio que haga propicio su desenvolvimiento.
El inicio de las obras, el modus operandi, las prerrogativas de ley, despiertan la incomodidad ciudadana, son caldo de cultivo de conflicto en la ciudad; fricciones y accidentes ¡Quien es primero, el vehículo o el peatón! Urgente reunión del vecindario, han tocado sin fin de puertas, los oídos no escuchan, las fricciones y accidentes de tránsito se acrecientan. Los vecinos, en rededor de sus representantes, dan cuenta, uno a uno: la combi café se ha llevado de encuentro dos coches de mercado, la couster verde a rozado el sedán de Aurelio, cuando como todos los días salía de la cochera, la reja ha sido colisionada, es imposible de cerrar, ayer indicó el ingeniero que la calle sería de un solo sentido, al salir en la mañana me ha dejado sordo una combi que venía en sentido contrario, se me pararon los pelos que no tengo dice don Hugo, mi mamá habituada a caminar temprano ha regresado con la cara llena de hollín comenta doña Peta – ¡Nada está bien! – sostienen en coro, es la respuesta encontrada en lo escondido del alma. Una sola percepción, por las buenas nadie se va a interesar, deciden que tienen que hacerse escuchar, no es posible que realizado el esfuerzo, de una vida, por darse comodidad y confort urbano, de la noche a la mañana la autoridad decida moverle el piso al vecino, perturbando la rutina que lo hace sentir medianamente cómodo y en disposición de dedicar, incluso tiempo extra, para generar no riqueza, sino el medio de subsistencia diaria.
Antes del inicio de la nueva obra – visitas constantes de la constructora que obtuvo la buena pro, ofreció el oro y el moro – arguye no va a ser afectada la tranquilidad y confort del vecindario – pide autorización para abrir las rejas por un mes y desviar el tránsito por allí, afirma será en un solo sentido a fin de evitarles molestias. De no consentir el pedido la municipalidad retirará las rejas ¡Así que ustedes deciden señores! Por la buenas autorizan se abran las rejas o de lo contrario las retiramos sin más aviso, con mirada inquisidora se dirige a los atentos oyentes, por respuesta murmullo masivo, girado sobre sus talones, echando humo por las orejas, cuchichea, ustedes eligen si es por la buenas o por las malas.
La disyuntiva puesta en la orden del día de la conversación – modernidad o no modernidad – ¡Sus casas van a cobrar más valor! – suelto de huesos y convencido agrega el visitante de chaleco y casco, voz en cuello, como para que llegue a las entendederas. Esa afirmación me parece haberla escuchado antes dice don Hugo ¡Sí! Si mal no recuerdo fue en una conversación en semana santa, sostenida el año pasado, cuando se construyeron los intercambios viales frente a las urbanizaciones San Jerónimo, Los Ángeles y Pablo VI, en las avenidas Alcides Carrión y La Pampilla, la narración de varios residentes, concluía que más bien sus propiedades se habían depreciado, por la afectación de las obras durante la construcción, la queja diaria de la invasión de polvo y tierra que dañó sin remedio mobiliario, equipos, pisos, cortinas, alfombras, fuente interminable de quejas y disgustos durante dos años, procesión de reclamos de comerciantes, sin opción de estacionar, crisis de ventas, imposible abastecerse, los clientes prefieren seguir de largo a otra opción que les facilite orillarse. Nada es igual lo que haya que reponer o arreglar sale del propio bolsillo. Así habla de mayor valor de las propiedades ¿este señor? Lo miran sin creerle una palabra, a propósito, preguntan en coro, ¿esta obra igual que las anteriores costarán mucho más de lo que dicen los letreros de obra? – ¡No! – de ninguna manera, el trabajo es serio, salvo que haya un imprevisto impensado, porque los pequeños, están considerados en el presupuesto.
Incrédulos se obligan a cerrar las rejas y ponerse en frente para impedir el paso de los vehículos, se forman hasta cuatro filas interminables de carros, combis y couster a ambos lados de la reja, ensordecedor el ruido de las bocinas, es la hora del movimiento, siete de la mañana, suplican, claman, refunfuñan, vociferan los cobradores de combi, agrupados de un lado y el otro, frente a la descuajeringada reja, los choferes, con el cuerpo fuera de sus ventanas, gesticulan, unos más decentemente que otros, llegan las voces de un operativo de la policía, choferes y cobradores conspiran, que venga la policía a abrir la reja, ante la cola de vehículos, que crece sin límites, la policía abandona el operativo, ni se asomaron a indagar los motivos del atolladero. Pasados diez minutos, los residentes,  abren las rejas y se retiran como vinieron, sin ser vistos, esperan que la advertencia obligue a los responsables de la obra a cumplir con dar el orden comprometido al tránsito.
Combis, couster, taxis, vehículos privados, disfrazados de bólidos pasan raudos, a los vecinos, ni los escucharon, ¿Qué pasó? Preguntan los fisgones – Unos señores y señoras que no quieren que pasen los carros por su urbanización – ¡Que no se pasen las vías son de uso público! Se escucha decir.
Confluyen tensiones la población no renuncia al bienestar alcanzado, los transportistas, se procuran comodidad para la ruta, la constructora planifica condiciones para los no menos de tres meses de trabajo. Varios factores darán lugar a que las tensiones encuentren un cauce u otro, lo idóneo, no tiene cabida por el desentendimiento de la autoridad, los residentes dependerán de hacer escuchar su voz.
Las prerrogativas se imponen, la empresa por cada segundo en el lugar gana o pierde emolumentos, su interés ganar, hallar la forma legal del proceder y del beneficio fiscal, en sus manos son arte. La autoridad, suscrito el contrato, se lava las manos y desentiende, en adelante el contrato rubricado, es el amparo. La población debe más bien cuidar su inversión, no tiene vela en el entierro, las decisiones caen del cielo ¡Tomadas, no queda más que moverse! La voz despertada con brío al sentirse ultrajado, devendrá en afónica al develarse oídos sordos, se apagará cuando uno a uno caigan en cuenta que no todos son afectados por igual, el desentendimiento avanza a tranco largo ¡VIGILANCIA DESVALIDA!
La responsabilidad de participación ciudadana, no es la misma cuando tiene hambre, la necesidad básica se impone, se irroga el derecho de estar primero, excepción caudillista, organizada convertida en contubernio ¡VIGILANCIA DESVALIDA!

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